Feliz día del Padre, ¿en verdad eres su heroe?(2 Parte)

Papás: ¡despertad! Estas valiosas almas que están a nuestro cargo son únicas y extremadamente sensibles. Todo lo que digáis o no digáis afectará a su capacidad, éxito y felicidad para toda la vida. 

¿No os dais cuenta de que vuestros hijos van a cometer errores, y muchos? ¿No os dais cuenta del daño que hacéis cuando restregáis la nariz de vuestro hijo contra sus fallos o hacéis que vuestra hija se sienta despreciada por haber golpeado o derramado algo? ¿Tenéis la más remota idea de cuán fácil es hacer sentir miserables a vuestros hijos? Es tan sencillo como decir: “¿¡por qué has hecho eso!?” o “cuántas veces te he dicho…” 

Permitid que os pregunte una cosa. ¿Alguna vez habéis mirado a los ojos hinchados de un padre cuyo hijo acaba de morir?

Yo sí. ¿Habéis llorado de principio a fin en el funeral de un niño? 

Yo sí.

¿Habéis tocado una caja de madera con un niño dentro? ¿Una tumba permanente desde la que nunca se oirán más risitas ni carcajadas?

Yo sí. Si quieres motivarte para ser el mejor padre o madre del mundo, haz lo anterior tan sólo una vez. Rezo para que no tengas que hacerlo nunca. Papás. Ya es hora de que le digamos a nuestros hijos que les amamos. Constantemente. Ya es hora de que les demostremos que les amamos. Constantemente. Es hora de disfrutar de que nos hagan veinte mil preguntas al día y de que no sean capaces de hacer las cosas tan rápido como nosotros. Es hora de disfrutar de sus rarezas y sus manías. Es hora de disfrutar de sus las expresiones de sus caritas y de las palabras que pronuncian mal. Es hora de disfrutar de todo lo que hacen nuestros críos.

Es hora de plantarse y preguntarse qué podemos hacer para ser mejores papás. Es hora de establecer nuestras prioridades. Es hora de ir a casa y ser un papá de verdad. Papás: es hora de enseñarles a nuestros hijos a tratar correctamente a una mujer. Es hora de enseñarles a nuestras hijas cómo deben ser tratadas. Es hora de mostrarles nuestra capacidad de perdonar y nuestra compasión. Es hora de enseñarles empatía a nuestros hijos. ¡Es hora de romper las reglas sociales y enseñarles un estilo de vida más positivo! Es hora de enseñar roles sexuales adecuados y dejar de lado los que no necesitamos. ¿De verdad importa tanto que a tu hijo le guste el color rosa? ¿Le hace daño a alguien así? ¿No ves el daño que le produce a un niño decirle que no es un niño normal por que le guste cierto color? ¿No vemos el daño que hacemos etiquetando a nuestras hijas como “chicazos” o a nuestros hijos como “femeninos” sólo por tener gustos y opiniones propios sobre temas que en realidad no importan tanto?

 Papás: hablad a vuestros hijos con suavidad. Hablad a vuestras hijas con calma. ¿Quién queréis que sea vuestro hijo? ¿Queréis que sea ese niño que en el cole se sienta solo sin ningún amigo ni autoestima? ¿o queréis que sea el que se presenta a delegado del curso y siente que merece ganar? ¿No vemos que tenemos el poder de enseñar a nuestros hijos las herramientas de la supervivencia en sociedad?

Papás: ¿no vemos la influencia que ejercemos cuando decimos que creemos en ciertas cosas, pero nuestros hijos nos ven vivir de otra manera? ¿No vemos lo muy poco que animamos a nuestros hijos a decidir aquello en lo que creen, declarar sus creencias y vivir de acuerdo a ellas, ya sea en religión, política, deportes o normas sociales? No nos corresponde decirles a nuestros hijos lo que deben pensar; sí enseñarles a pensar correctamente. Si lo hacemos, no tendremos que temer sus decisiones y la fuerza con que las defiendan. Un hombre será fiel a sus convicciones hasta la muerte, pero sólo seguirá las convicciones de otro hombre hasta que éste se hunda en el fango.

 ¡Maldita sea, papás! Todos los niños tienen el derecho innato a pedir un helado sin que se les haga de menos y se les vapulee. Todos los niños tienen el derecho innato a pedirlo sin que se les haga encogerse en una esquina porque el hombre que debería ser su héroe es en realidad un hombre muy, muy pequeño. Todos los niños tienen el derecho innato a ser felices, reír, carcajearse y jugar. ¿Por qué no les dejáis hacerlo? Todos los niños del mundo tienen derecho a un padre que piense antes de hablar; un padre que comprenda el gran poder que se le ha dado para, a la larga, moldear la vida de otro ser humano; un padre que ame más a su hijo que a los programas de televisión o deportes que ve; un padre que ame a su hijo más que a sus trastos materialistas; un padre que ame a su hijo más que a su tiempo. Todos los niños merecen un súper héroe como papá. A lo mejor es que muchos padres no se merecen a sus hijos. 
A lo mejor es que muchos padres no son ni siquiera papás de verdad. Pido disculpas por lo acalorada que es esta publicación. Creo que una parte de mí se siente cobarde por no haberle dicho algo al hombre que tenía delante en el Costco. Considerad esta publicación como mi penitencia. A lo mejor una parte de mí cree que si siquiera una persona lee esto y decide ser mejor padre, habrá merecido cada segundo que he empleado en escribirlo. Si un niño tiene una vida mejor porque mis palabras han incitado a un padre a jugar más, habrá merecido cada súplica y ruego que os hago para que compartáis esto con otras personas, de lo cual soy culpable sin remisión.

Papás: los niños son regalos. No nos corresponde destrozarlos; nos corresponde hacerlos. Así que uníos a mí y mostrad al mundo que hay muchos buenos padres por ahí.

 A los hombres y mujeres que lean esta publicación… casados o no… padres o no… compartid esta publicación en Facebook y Twitter, aunque no sea aplicable a vosotros porque ya sois todo lo que se dice. Si alguna vez habéis visto a un padre destrozar a su hijo, compartidlo. Nunca se sabe qué niño podría conseguir que su papá súper héroe vuelva. Nunca se sabe qué pequeña alma se podría sentir un poco más amada porque su Papá le dedicó unos minutos para arroparla esta noche.

 Y todo porque estás dispuesto a copiar un enlace y pedir a otras personas que lo lean. 

Dan Pearce, Padre Soltero Risueño Suplicante

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